Todo sigue igual, peor que ayer.
No tengo un buen día, últimamente ninguno es bueno. No asimilo lo ocurrido, no paro de emborracharme una y otra vez, pues es mi única puerta de escape de este maldito agujero. Que hablen, que hablen, pues me importa tan poco, hace ya mucho tiempo que deje de escuchar sus voces, que aprendí a convivir con este insoportable pitido que no me deja pensar con claridad, que me impide actuar con normalidad, que intenta debilitarme y a la par se torna más fuerte.
No puedo más, intento llorar pero las lágrimas no me salen pues parece que este vacío en mi interior las hubiese hecho secar, solo queda oscuridad. Me gustaría tanto gritar, llorar, dejar de beber, encontrar una maldita rama seca a la cual poder sujetarme. El oleaje cada vez es más fuerte y tengo miedo de que me arrastre la lluvia.
Siento que mi vida pasa ante mis ojos, siento que yo no participo en ella, que actúo de espectador en este ridículo esperpento, pues precisamente eso es mi vida, un maldito esperpento.
En fin, empiezo a pensar que la salida no esta lejana si no que realmente no hay salida.
Y es que me encierro en mi cuarto, escuchando Lori Meyers una y otra vez. Así todo es más fácil.